Coloquio Historia de las
Ideas
Diálogo con Rita Segato: Religiones y sociedades en el cambio de época.
Límites de la modernidad y necesidad de un pensamiento decolonial
Nelson Villarreal Durán · IHII –
Facultad de Derecho UdelaR 9 de octubre de 2026
Introducción: democracia y cambio de época
En un contexto de cambios, conflictos y reformulación de subjetividades
y prácticas que impactan en las sociedades, las instituciones, las políticas y
la democracia, cabe preguntarnos qué papel desempeñan las religiones. ¿Cómo
intervienen en la construcción de sentidos colectivos, en la reproducción de
las relaciones de poder y en la búsqueda de horizontes emancipatorios?
Desde el proyecto «Democracias desafiadas en el siglo XXI», proponemos
cuatro ejes para pensar este cambio de época: la pérdida de centralidad de la
política secular como ámbito de igualdad y libertad con la consiguiente crisis
de lo emancipatorio en su más amplio espectro; las transformaciones
tecnológicas vinculadas con la digitalización, las redes, los algoritmos y la
inteligencia artificial; las mutaciones de lo religioso y sus vínculos con el
poder democrático; y la reconfiguración geopolítica, marcada por el retroceso
del Estado social y el ascenso de las extremas derechas.
Religión, política y disputa por el futuro
Estos procesos nos exigen revisar los límites de la racionalidad
eurocéntrica y abrirnos a un pensamiento decolonial, capaz de reconocer la
complejidad y diversidad de saberes. Los mundos de la vida están atravesados
por la crueldad, el fanatismo, la posverdad, la violencia, los fundamentalismos
y distintas formas de expropiación material, cultural y espiritual.
En América Latina se ha transformado el paisaje religioso: junto a la
histórica presencia católica, crecen las iglesias evangélicas, con fuerte
arraigo territorial y cercanía con las comunidades. En este proceso, algunas
teologías del diálogo y de la liberación han perdido espacio frente a
corrientes fundamentalistas y a las llamadas teologías de la prosperidad.
Ante el debilitamiento de proyectos utópicos emancipatorios, las
corrientes cristianas conservadoras han logrado apropiarse de la idea de
futuro. Aunque prometen un mañana mejor, suelen idealizar un pasado imaginado y
presentar la restauración de valores tradicionales como respuesta al miedo, la
inseguridad y la incertidumbre, así como a las promesas incumplidas de la
modernidad y de la esfera pública secular.
Pensamiento decolonial, diversidad y derechos
El diálogo con Rita Segato permite preguntarnos cómo pasar del
pensamiento crítico a un «pensamiento incómodo», decolonial, que cuestione las
certezas dominantes. También invita a relacionar la pedagogía del oprimido y la
pedagogía de la esperanza de Paulo Freire con la pedagogía de la crueldad que
hoy observamos. La religión puede operar como mecanismo de alienación y
dominación, pero también como fuente de sentido, solidaridad, comunidad y
liberación. Esta ambivalencia exige reconocer a los sujetos que sufren,
resisten y construyen otros mundos posibles.
La perspectiva eurocéntrica de la modernidad, del Estado-nación y de la
Historia de las Ideas ha sido cuestionada por el pensamiento latinoamericano,
los feminismos, los movimientos afrodescendientes y los pueblos originarios.
Sin embargo, muchas corrientes y voces decoloniales siguen ocupando un lugar
marginal. Entre las dimensiones invisibilizadas se encuentran las cuestiones
raciales, de género, de diversidad sexual y las espiritualidades de los
pueblos.
El desafío consiste en sostener una dignidad humana común sin convertir
las diferencias en motivo de exclusión. ¿Cómo garantizar derechos universales
reconociendo, al mismo tiempo, las historias, identidades y experiencias de
personas, pueblos y comunidades? Un pensamiento decolonial debe cuestionar los
efectos persistentes de la colonialidad y la geopolítica del conocimiento, sin
abandonar el horizonte de humanización que permanece como promesa incumplida de
la modernidad.
Laicidad, poder y emancipación
Las religiones y espiritualidades tienen un papel dual. Algunas
expresiones fundamentalistas refuerzan la violencia, el control y la exclusión;
otras sostienen la vida y ofrecen sentido a comunidades a las que se les han
negado derechos. Por eso, cabe preguntarse en qué medida las nuevas formas de
religiosidad interpelan la laicidad como garantía de diversidad y convivencia,
y en qué medida pueden contribuir a la solidaridad y la organización de
colectivos excluidos.
En las últimas décadas comenzaron a cuestionarse identidades dominantes
históricamente sostenidas por varones blancos con capital y poder. Sin embargo,
el reconocimiento de nuevas diversidades no estuvo acompañado por una
redistribución equivalente del poder material y subjetivo, lo que contribuyó a
alimentar reacciones conservadoras.
Las investigaciones de Rita Segato sobre religión, sociedad, violencias
y feminismos ayudan a ampliar las herramientas conceptuales para comprender las
democracias desafiadas del siglo XXI. Frente al avance de fundamentalismos
religiosos y su articulación con las extremas derechas, es necesario abandonar
las miradas unidimensionales y atender también a las prácticas religiosas que
generan libertad, solidaridad, convivencia y resistencia. Las universidades
deben revisar sus enfoques y abrirse al diálogo con la sociedad y sus
conflictos.
¿Por dónde pasa hoy el principio esperanza?
Nos plantea Rita Segato recuperar la política distinguiendola de lo
político y reconstruir vínculos en el encuentro cara a cara, en los territorios
y en las comunidades. Se trata de enfrentar un orden que valora a las personas
según su productividad, eficiencia y capacidad de acumulación. Frente a la
cultura del descarte, debemos pensar conjuntamente las relaciones de clase,
raza y género, reconociendo cómo las desigualdades se entrelazan y se
refuerzan.
La expansión del extractivismo amplía las formas de violencia. Por eso,
la moral de la obediencia debe ser cuestionada desde una ética de la
desobediencia, capaz de poner bajo sospecha los mandatos de dominación, control
y poder. La comunidad, la cooperación y los cuidados son centrales: construir
vínculos sostiene la vida y transforma nuestras formas de relacionarnos.
Ante una crueldad cada vez más visible y amparada por la impunidad, las
mujeres pueden contribuir a instalar un pacto distinto para el bien colectivo,
que incluya a los varones sin reproducir el pacto histórico que las excluyó.
Queda abierta, entonces, una pregunta: ¿por dónde pasa hoy el principio
esperanza? ¿Qué sujetos, prácticas y comunidades pueden ayudarnos a reconstruir
lo común, ampliar la democracia y sostener nuevos horizontes de emancipación?



