sábado, 10 de octubre de 2026

 


Coloquio Historia de las Ideas

Diálogo con Rita Segato: Religiones y sociedades en el cambio de época.

Límites de la modernidad y necesidad de un pensamiento decolonial

Nelson Villarreal Durán · IHII – Facultad de Derecho UdelaR 9 de octubre de 2026

 

Introducción: democracia y cambio de época

En un contexto de cambios, conflictos y reformulación de subjetividades y prácticas que impactan en las sociedades, las instituciones, las políticas y la democracia, cabe preguntarnos qué papel desempeñan las religiones. ¿Cómo intervienen en la construcción de sentidos colectivos, en la reproducción de las relaciones de poder y en la búsqueda de horizontes emancipatorios?

Desde el proyecto «Democracias desafiadas en el siglo XXI», proponemos cuatro ejes para pensar este cambio de época: la pérdida de centralidad de la política secular como ámbito de igualdad y libertad con la consiguiente crisis de lo emancipatorio en su más amplio espectro; las transformaciones tecnológicas vinculadas con la digitalización, las redes, los algoritmos y la inteligencia artificial; las mutaciones de lo religioso y sus vínculos con el poder democrático; y la reconfiguración geopolítica, marcada por el retroceso del Estado social y el ascenso de las extremas derechas.

Religión, política y disputa por el futuro

Estos procesos nos exigen revisar los límites de la racionalidad eurocéntrica y abrirnos a un pensamiento decolonial, capaz de reconocer la complejidad y diversidad de saberes. Los mundos de la vida están atravesados por la crueldad, el fanatismo, la posverdad, la violencia, los fundamentalismos y distintas formas de expropiación material, cultural y espiritual.

En América Latina se ha transformado el paisaje religioso: junto a la histórica presencia católica, crecen las iglesias evangélicas, con fuerte arraigo territorial y cercanía con las comunidades. En este proceso, algunas teologías del diálogo y de la liberación han perdido espacio frente a corrientes fundamentalistas y a las llamadas teologías de la prosperidad.

Ante el debilitamiento de proyectos utópicos emancipatorios, las corrientes cristianas conservadoras han logrado apropiarse de la idea de futuro. Aunque prometen un mañana mejor, suelen idealizar un pasado imaginado y presentar la restauración de valores tradicionales como respuesta al miedo, la inseguridad y la incertidumbre, así como a las promesas incumplidas de la modernidad y de la esfera pública secular.

Pensamiento decolonial, diversidad y derechos

El diálogo con Rita Segato permite preguntarnos cómo pasar del pensamiento crítico a un «pensamiento incómodo», decolonial, que cuestione las certezas dominantes. También invita a relacionar la pedagogía del oprimido y la pedagogía de la esperanza de Paulo Freire con la pedagogía de la crueldad que hoy observamos. La religión puede operar como mecanismo de alienación y dominación, pero también como fuente de sentido, solidaridad, comunidad y liberación. Esta ambivalencia exige reconocer a los sujetos que sufren, resisten y construyen otros mundos posibles.

La perspectiva eurocéntrica de la modernidad, del Estado-nación y de la Historia de las Ideas ha sido cuestionada por el pensamiento latinoamericano, los feminismos, los movimientos afrodescendientes y los pueblos originarios. Sin embargo, muchas corrientes y voces decoloniales siguen ocupando un lugar marginal. Entre las dimensiones invisibilizadas se encuentran las cuestiones raciales, de género, de diversidad sexual y las espiritualidades de los pueblos.

El desafío consiste en sostener una dignidad humana común sin convertir las diferencias en motivo de exclusión. ¿Cómo garantizar derechos universales reconociendo, al mismo tiempo, las historias, identidades y experiencias de personas, pueblos y comunidades? Un pensamiento decolonial debe cuestionar los efectos persistentes de la colonialidad y la geopolítica del conocimiento, sin abandonar el horizonte de humanización que permanece como promesa incumplida de la modernidad.

Laicidad, poder y emancipación

Las religiones y espiritualidades tienen un papel dual. Algunas expresiones fundamentalistas refuerzan la violencia, el control y la exclusión; otras sostienen la vida y ofrecen sentido a comunidades a las que se les han negado derechos. Por eso, cabe preguntarse en qué medida las nuevas formas de religiosidad interpelan la laicidad como garantía de diversidad y convivencia, y en qué medida pueden contribuir a la solidaridad y la organización de colectivos excluidos.

En las últimas décadas comenzaron a cuestionarse identidades dominantes históricamente sostenidas por varones blancos con capital y poder. Sin embargo, el reconocimiento de nuevas diversidades no estuvo acompañado por una redistribución equivalente del poder material y subjetivo, lo que contribuyó a alimentar reacciones conservadoras.

Las investigaciones de Rita Segato sobre religión, sociedad, violencias y feminismos ayudan a ampliar las herramientas conceptuales para comprender las democracias desafiadas del siglo XXI. Frente al avance de fundamentalismos religiosos y su articulación con las extremas derechas, es necesario abandonar las miradas unidimensionales y atender también a las prácticas religiosas que generan libertad, solidaridad, convivencia y resistencia. Las universidades deben revisar sus enfoques y abrirse al diálogo con la sociedad y sus conflictos.

¿Por dónde pasa hoy el principio esperanza?

Nos plantea Rita Segato recuperar la política distinguiendola de lo político y reconstruir vínculos en el encuentro cara a cara, en los territorios y en las comunidades. Se trata de enfrentar un orden que valora a las personas según su productividad, eficiencia y capacidad de acumulación. Frente a la cultura del descarte, debemos pensar conjuntamente las relaciones de clase, raza y género, reconociendo cómo las desigualdades se entrelazan y se refuerzan.

La expansión del extractivismo amplía las formas de violencia. Por eso, la moral de la obediencia debe ser cuestionada desde una ética de la desobediencia, capaz de poner bajo sospecha los mandatos de dominación, control y poder. La comunidad, la cooperación y los cuidados son centrales: construir vínculos sostiene la vida y transforma nuestras formas de relacionarnos.

Ante una crueldad cada vez más visible y amparada por la impunidad, las mujeres pueden contribuir a instalar un pacto distinto para el bien colectivo, que incluya a los varones sin reproducir el pacto histórico que las excluyó. Queda abierta, entonces, una pregunta: ¿por dónde pasa hoy el principio esperanza? ¿Qué sujetos, prácticas y comunidades pueden ayudarnos a reconstruir lo común, ampliar la democracia y sostener nuevos horizontes de emancipación?